Cuentos y Leyendas

El último vuelo del murciélago

Las flores de Santa Catarina pintaban de rojo, El zócalo de esta hermosa ciudad, lastimado por sus últimos tiempos al extremo del apodo “villa maestro”, de la mano de mi nieta caminamos al templo central de esta ciudad antigua de cantera; mi bella y querida Oaxaca.

El motivo de la peregrinación era la festividad de Guadalupe, donde los niños se vestían de manta emulando al buen Juan Diego.

Mis pasos me condujeron por inercia al tallado en piedra de María de Guadalupe, justo en la puerta trasera de la catedral – hecho por el cual es poco conocida y visitada-

Y sucedió que ante nuestra vista un murciélago intentaba revolotear; despertado a la fuerza por algún imprudente; el pequeño ser de la oscuridad indefenso ante la luz y frio de la mañana luchaba por su existencia.

Los recuerdos cruzaron de inmediato mi lucidez, y las palabras de mis viejos resonaron una vez más en mis recuerdos dormidos…

-En que piensas abuelo?…

-en una historia que a cosquilla mi mente al ver el lugar; señalando hacia el sur de aquella imagen de “Guadalupe”, mi dulce y linda Romina esa es la cabeza de thut el ultimo murciélago…

Mi diestra señalando una cabeza en piedra que el tiempo había robado un trozo.

– es una historia de miedo como las que me gustan?…

– es una historia de sufrimiento, pero sobre todo es una historia que grita un pasado dormido de nuestra gente.

– pues cuéntamela; anda que esperas!!!

Mi mente se perdió en el tiempo, al tiempo donde calzaba unos huaraches y resortera en el cinto; sentado en la milenaria piedra del coyote, lugar donde solía oír estas historias maravillosas que hacían mi mente volar y llenar mi ser de orgullo…

Mi memoria emulaba la voz de mi abuelo – en mis palabras-

Thut era un viejecito, que por no tener un nombre católico siempre era mal visto, por las autoridades a pesar de ser el curandero del pueblo. Solo los viejos que lo conocían de siempre le respetaban y hasta le tenían una cierta admiración y hasta podría decirse que no solo lo respetaban, sino que lo idolatraban.

Su voz que siempre parecía cansada, lenta, ronca pero clara, era signo de respeto y autoridad en cualquier veredicto o consulta.

De su mano siempre como compañero un bastón, el bastón de mando de Xoxocotlán; con listones rojos satinados, en la empuñadura labrada la cabeza de un murciélago, en su largo talladas extrañas figuras -letras de los antiguos- y en una curva antes de la punta una laja de obsidiana incrustada que usaba de cuchillo.

Este hombre parecía el recuerdo de tiempos antiguos que solo los viejos conocían más allá de los relatos, leyendas e historias.

Bastaba con un paseo por el tianguis de la localidad a lado del templo católico, para que aquel viejo llenara su itacate con pan y fruta, suficiente para calmar el hambre de la vida diaria.

En aquella época La verde Antequera sangraba la existencia de los desafortunados que no tenían sangre española. Era tiempos difíciles, tiempos donde lo que no fuera español o católico era condenado a la desgracia, desgracia encarnada a una tropa de soldados conocida como la santa inquisición.

El viejo thut era candidato para esta partida de soldados; solo que ante la indefensa figura de un viejo decrepito y ciego, además por tratarse de un pueblo de gente muy difícil ameritaba una excepción a su cacería de herejes; además ese viejo era el único que sanaba a esos indios revoltosos para que siguieran trabajando en las cuatro rancherías que existía en aquel lugar llamado Xoxocotlán.

Esta tregua aparente, fue rota por la intervención de un cierto general de origen Castellano, que en un afán de buscar riquezas y nombre sangro a todas las rancherías vecinas a la verde Antequera; lastimando y mermando a la población nativa el general Norberto Bizantino era un español orgulloso del uniforme que portaba, altanero como todo aquel que ocupaba su puesto y sintiendo un completo desprecio por gente que no tuviera ascendencia española, pasaba cada cierto tiempo por una retribución para sostener a su pequeño ejército.

Y así sucedió mi niña… un día coincidió la visita de thut y de Norberto al tianguis de Xoxocotlán…

La escena que debió ver le debió causar urticaria aquel general; pues su cara se llenó de cólera al ver la condescendencia –casi pleitesía- de todos los lugareños al viejo thut.

Sin bajar del caballo encaro aquel viejo ciego, ante el asombro de los presentes, un silencio sepulcral que la voz del general castellano rompió:

– anda viejo, hacerte a un lado que la que la envestidura de la cruz pasara…

Era costumbre de esta tropa que el general trajera un crucifijo de plata, y que al levantar con su mano en alto, la gente se arrodillara con “ave María Purísima” en los labios.

La multitud se estremeció, pues el viejo thut no se inmuto, solo se hizo a un lado y siguió caminando indiferente.

Aquel hombre robusto y barbado monto en cólera, congestionando su rostro de ira.

-acaso estas sordo y ciego anciano¡¡¡

– solo ciego señor.

Respondió con la serenidad que dan los años.

– entonces tus teleques rodillas son las que no puedes doblar ante el temor de tu dios

El viejo thut con paso sereno y firme pasaba junto a aquel castellano mientras decía:

– mis rodillas están bien señor, es mi corazón el que esta lastimado por lo que mi oído oye alrededor; siga su camino, noble caballero esta tierra no merece su atención.

Estas palabras hicieron brincar del caballo aquel hombre robusto y barbado que de inmediato se ubicó enfrente de aquel viejo decrepito y ciego y vociferando se dirigió a la multitud

– esto es muestra de la rebeldía de esta gente pagana, que no muestra respeto ante sus salvadores, el escarmiento caiga sobre este pueblo… y como ejemplo este anciano.

Y entonces sucedió mi niña…

que al tomar de la mano al viejo thut, este solo giro la mano y como magia aquel personaje cayó al suelo levantando una nube de polvo.

Esto obligo a los demás soldados a desmontar pero al viejo thut no lo encontraron, como si de un espejismo se tratara el viejo ciego había desaparecido. Y al tratar de pronunciar palabra aquel imponente soldado cambio la cara de cólera por una de horror… Aquel general no se le volvió a oír pues su voz quedo maldecida por aquel viejo brujo.

Pero eso era el principio de un episodio sangriento mi niña…

– pero que paso abuelo? Que le paso al capitán, sus soldados fueron con el chisme?

-bueno, sí aquel general quedo mudo, sus cuerdas vocales habían sido secadas, pero este episodio corrió como rayo y se volvió un chisme muy sonado, propiciando que desde la mismita capital enviaran soldados y misioneros expertos en brujería a buscar aquel viejo ciego en aquel pueblo olvidado.

El viejo thut era un hombre respetado y querido, pues nunca cobraba sus servicios como curandero, gozaba del respeto y cariño de los pobladores del lugar.

Pasaron tres meses y nadie podía encontrar aquel viejo brujo, así que un viernes la santa inquisición comenzó a sangrar al pueblo con interrogatorios públicos.

Cerca del tianguis de Xoxo había un frondoso árbol que quedo adornado con 3 ahorcados acusados de brujería.

-pero dicen que el destino siempre se presenta a la hora justa mi niña y también dice la ley mixteca que la ofensa de sangre merece sangre.

Esa misma noche 3 sacerdotes desaparecieron del convento de santo domingo, lugar y cede de la santa inquisición.

Imagínate mi niña!!! Los tres padrecitos amanecieron colgados de los pies en la catedral, y cuál fue la sorpresa que al bajarlos se despertaron solo para contar lo que había pasado y después sangrar hasta la muerte.

– que dijeron abuelo? Que les había pasado?

Solo decían “el demonio entro por la ventana”.

Un demonio de capa negra como la noche, colmillos de verde jade, de ojos fieros como el fuego, de andar sereno siempre lo acompañaba la oscuridad, un demonio que el agua bendita parecía no quemar, ni los rezos, ni las cruces podían detener esta aparición del averno.

Soldados marcharon a aquel pueblo en buscan de venganza de aquel capitán castellano.

Sembrando caos en sus calles en busca de quien supiera decir dónde encontrar a ese hechicero; el dolor y sangre de los xoxeños apuntó a la montaña sagrada, pues justo al pie del cerro vivía el viejo thut; y ahí partieron treinta soldados con lanzas, cruces y espadas.

Y que paso abuelo? lo atraparon?

Pues lo que sucedió solo los pobladores de aquel viejo Xoxocotlán sabían, pues después de tanto y tanto, estos xoxeños se armaron de valor y decidieron respaldar al viejo curandero. Con antorchas y palos decidieron ayudar aquel personaje recuerdo del pasado milenario de la gente antigua.

Marcharon por el camino viejo rumbo a la montaña sagrada siguiendo el camino de aquellos soldados de la mentada “santa inquisición”.

Al llegar a la huamuchera, justo al pie del cerro…mi niña; los ojos de todos se abrieron como mazorcas y sus bocas respiraron el asombro… una escena sangrienta, la penumbra de la prematura noche y el viento de noviembre testigos mudos de aquel paraje: armaduras, ropa y caballos salpicados de sangre.

Los lugareños se apropiaron de todo lo que pudieron pero ningún soldado vivo o muerto encontraron, aquella cruz de plata fue a parar al templo en espera de quien la reclamara.

Después de eso la guerra se trasladó al el corazón de la verde Antequera, día tras día amanecían sacerdotes colgados de los pies en las iglesias, los cuarteles casi se vaciaron de soldados pues muchos desertaban y otros desaparecían, le tenían miedo a la noche y al demonio murciélago.

-El demonio murciélago?

– imagínate mi niña; un ser oscuro, con garras de obsidiana que aparecía en la noche, no importaba que tan bien te encerraras, cuando te dabas cuenta aparecían aquellos ojos y se clavaban en tu mente, aquella mascara de verde jade era lo último que veías; simplemente te hechizaba, y cuando recobrabas la conciencia estabas colgado  amarrado de los pies; de pronto así como así comenzabas a sangrar por todo tu cuerpo hasta que tu sangre te ahogaba por dentro.

Los soldados contaban de un ser demoniaco con mascara de murciélago, con una capa negra como la noche; que aparecía y desaparecía; las balas no lo mataban, muchos aseguraban haber peleado con él y herirlo con ballestas y espadas, pero las desapariciones y matanzas no terminaban como si el mismito chamuco se soltara en las noches y la golosa huesuda se sirviera con la cuchara grande.

La encomienda de atrapar al viejo hechicero de Xoxo quedo olvidada, ante 3 meses de matanza y desapariciones.

Aquella sangrienta historia llego hasta los oídos del mismito corazón de la iglesia quien envió a un tal Justino Villafuerte, un sacerdote florentino especialista en cazar brujos y demonios.

Este personaje tenía una educación privilegiada. Pronto se enteró que no era un demonio lo que perseguía, indagando en la historia del pasado milenario de esta Verde Antequera; consiguiendo algunos escritos del “astrologo de Oaxaca”, leyendo las historias de los mixtecos y zapotecos; pero sobre todo de algo que mis viejos llamaron “el cuaderno de Cortez” llego a la verdad, se trataba de un guerrero de la antigüedad; un sacerdote nahual.

General de tropas mixteco-zapoteco, asesinos especializados en artes de guerra capaz de exterminar un regimiento con  un palo con orilla de obsidiana; un bastón que llamaban “binigulaza”.

Y armado con más de 150 soldados de puebla, guerrero y México partió a aquel pueblito llamado Xoxocotlán al encuentro con el diablo.

Dicen los que saben que ni bien llego al pie del cerro y una espesa neblina cubrió el lugar; a la lejanía se encontraban con un ejército que pensaban vencido; indios con caras pintadas, y escudos -guerreros de tiempos pasados- y al frente 14 generales vestidos con capas y máscaras; algo que según dicen los que saben; fue una visión que siempre busco Cortez y nunca pudo ver.

Una neblina que se convirtió en humo que cubría todo, cuentan los soldados que de pronto la noche se hizo día y solo recuerdan ver a su capitán regresando con una cruz en la mano y un costal en la otra, un costal con una cabeza, una cabeza con una máscara de murciélago.

– y que había pasado abuelo? Como venció al demonio murciélago.

Cuentan los soldados que lo venció con el crucifico de plata, que el demonio no pudo hacer nada ante el dios español y que al degollar al demonio el ejército de las sombras desapareció.

Pero eso solo era la mitad de la historia, mi niña…

La Historia olvida dice que este general hizo un pacto, para terminar con las matanzas en la verde Antequera, y como parte del trato Xoxocotlán quedaría como punto ciego a la santa inquisición.

Y así Xoxocotlán se transformó en un lugar difícil, con gente difícil, pues era refugio de todo aquel que viniera huyendo de la mano y yugo español, dejando intactas sus tradiciones y costumbres en un sano mestizaje.

– Pero y que hicieron con tanto maleante y fugitivo, abuelo?

Pues la ley mixteca nunca abandono estas tierras Xoxeñas mi niña: aquel que se porta mal se lo llevaba el nahual…

-Y cómo termina la historia?

Armado con 150 soldados a caballo un día apareció por las calles de cantera de la verde Antequera con la cabeza de aquel personaje.

Cabeza que fue exhibida colgada en una jaula de metal en la puerta de la santa inquisición.

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La leyenda dice que en la primera noche y a la luz de la luna grande se convirtió en piedra y es desde entonces que fue puesta en uno de los contrafuertes de la catedral, al lado de la cruz de la santa inquisición.

Mucho tiempo después un presidente de origen oaxaqueño apodado “el alacrán”, mando quitar la cabeza para regresarla a la montaña sagrada pero esta no se pudo quitar. El olvido y la vergüenza española de este relato relego al olvido esta historia que cobro la vida de muchos mestizos, de muchos religiosos españoles; pero que recuerda por qué los mixtecos-zapotecos nunca fueron sometidos por la mano española y la cuidad sagrada no fue saqueada por la ambición extranjera.

-Pero entonces… los nahuales siguieron vivos? Si mi niña los nahuales siempre han cuidado a nuestro pueblo, hasta que los que se fueron regresen y el esplendor de nuestra gente vuelva a brillar como en tiempos de los antiguos.

admin

El grupo de comunicación más influyente en Xoxocotlán.

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